geometrías del lugar

Los lugares, los paisajes, tienen una personalidad, un carácter, un sello que alguna vez se ha definido como un Genius Loci, un espíritu del lugar. Preservar ese carácter e incluso amplificarlo es el objetivo último de cualquier obra artística o arquitectónica que se sale del territorio urbano y que se enfrenta a la naturaleza y el paisaje.

En la película Ran realizada por Akira Kurosawa en 1985, el señor de Ichimonji reúne a sus hijos y amigos en una arquitectura efímera pero rigurosa. Un cuadrado de geometría exacta, construye un recinto cerrado, aislando un espacio de la continuidad de la naturaleza y el paisaje. Una tela tensada entre unos pequeños mástiles, unos cables y unas cuerdas son suficientes para formalizar ese espacio, que en su abstracción se enfrenta al caos natural. Una construcción aún más sencilla que una tienda de campaña sirve como contrapunto al inmenso paisaje. La pureza de su forma abstracta le otorga un cierto grado de monumentalidad, con el que puede operar a la escala del valle y de la montaña, a la escala del paisaje, a escala del territorio.

Una situación que únicamente puede ser comprendida si nos remitimos a la idea de Bricolage definida por Claude Lévi-Strauss. En la que el Bricolage es el método constructivo prehistórico, primitivo, básico, en el que cada uno se vale de aquello, poco o mucho, que tiene a mano, estableciendo así un universo ligado a lo esencial, a la nulidad industrial y que por lo tanto remite a una relación mítica con el entorno. Un método manual valido tanto para el hombre prehistórico como para el actual, pasando por Robinson Crusoe. Un sistema constructivo en equilibrio con el paisaje y el territorio, ya que por su propia rudimentariedad no puede imponerse, únicamente presentarse.

El recinto de Ran es mediante esta condición, primitivo, al igual que lo es una construcción megalítica. Apenas unas pocas piedras señalan un espacio, ya no como naturaleza sino como lugar. Un recinto circular de losas irregulares clavadas en el terreno introducen una geometría abstracta en oposición al paisaje natural. Un círculo perfecto que únicamente la mano human puede trazar en el paisaje. Datan del año 800 a.C. y cautivaron para siempre a Jorge Oteiza cuando los comprendió por primera vez. El Cromlech es el recinto primitivo del hombre del neolítico, que une a través del paisaje el cielo y la tierra. El hombre nómada señalaba lugares específicos para enterrar allí las cenizas de sus difuntos, en puntos destacados que se apoderan de las condiciones del lugar para entender el paisaje. Jorge Oteiza y el arquitecto Luis Vallet recibieron el encargo de construir una capilla en Agiña, un lugar destacado entre las montañas donde había varios Cromlechs. Oteiza los calificó de estatuas vacías, de elementos desocupados, de construcciones espirituales que unen al hombre a su territorio y a su paisaje. Los Cromlechs del pasado marcaban además viejos caminos, balizaban senderos y rutas, determinaban los recorridos.

El artista contemporáneo más afín a este nomadismo es Richard Long.  Su relación con el marco natural es el de alguien que lo recorre, y eso se muestra claramente en algunas de sus obras. Ese es el caso de aquella intervención que le llevo a cruzar a pie de costa a costa Gran Bretaña. Cada jornada cogía una piedra que transportaba hasta cambiarla por otra la jornada siguiente, hasta tirar al mar la última reproduciendo el gesto que le llevó a coger la primera en la costa opuesta. Como el mismo ha expresado en alguna ocasión:

“A veces me siento parte de la tradición de caminante, del nómada. De vez en cuando me parece muy placentero y satisfactorio vivir de manera rudimentaria, reduciendo la vida a unas actividades sencillísimas como caminar durante todo el día.” 

Ver una obra de Richard Long puede reducirse a ver una pieza en un museo, pero cuando se visitan sus obras en el paisaje, lo que se visita es algo más que su propia acción. Se visita la relación de su gesto con la naturaleza. El arte es una forma de enfrentarse, de entender la verdad. Algunas obras de Land Art son la mejor forma de entender la naturaleza y el paisaje. Lo mismo les sucede a algunas arquitecturas. Un buen ejemplo de esta relación entre el arte, el paisaje y la arquitectura esta condensada en la obra del Centro de Innovación Deportiva de Extremadura de José María Sánchez García.

En un emplazamiento privilegiado, situado en una península que avanza sobre el pantano Gabriel y Galán, su forma geométrica pura de anillo, destaca en el paisaje estableciendo una llamativa relación de directa con el entorno próximo y de contraste con las montañas de la sierra que rodean el pantano.

Los usos de investigación, formación y práctica de deportes relacionados con la naturaleza se introducen en una pieza estrecha de doscientos metros de diámetro, cuya fachada de acero, refleja los colores y la luz de las diferentes estaciones y momentos del día, integrándose en el lugar.

El anillo crea una geometría rotunda que se enfrenta a la inmensidad del paisaje, pero por contra en su interior guarda un fragmento de ese mismo territorio. Un espacio que protege y que de nuevo invita a recorrer y pasear, marcando como os Cromlechs las rutas a seguir para entender el lugar.

NOMU _ iñigo garcía odiaga _ publicado originalmente en ZAZPIKA 7K