interiores externos [II]

Este texto es la segunda parte de un escrito que es la comparación entre dos casas la Azuma House construida por Tadao Ando en 1975 en Osaka y la Moriyama House finalizada en el año 2005 según un proyecto de SANAA, en el que se intenta reflexionar sobre lo ambiguo entre interior y exterior en ambas viviendas.

La casa Moriyama se sitúa en un barrio central de Tokio, un barrio residencial que mantiene un cierto grado de tranquilidad respecto de otros distritos más bulliciosos de la ciudad. El paisaje urbano está constituido por una gran acumulación de viviendas unifamiliares de baja densidad, que generan una estructura urbana que podríamos calificar de tradicional. En medio de este panorama urbano destacan de manera especial una colección de prismas abstractos que parecen establecer sus propias reglas dentro de una parcela alargada que da a dos calles.

El contraste con los edificios colindantes es radical, los ornamentos, remates o texturas de las arquitecturas tradicionales del barrio han desaparecido aquí por completo.  En un primer vistazo podría pensarse que los diez prismas blancos, de alturas y dimensiones diversas han sido colocados de forma azarosa, guiados por unas reglas aleatorias, casi como si se tratase más de  conjunto escultórico o un monumento que de una vivienda. Sin embargo el estudio de las relaciones entre los huecos y puertas de los diferentes volúmenes, aportan pistas sobre las leyes que relacionan las diferentes piezas, ya que unen algunas o separan otras, generando subconjuntos dentro del grupo inicial.

Y es que la casa Moriyama es en realidad un complejo de viviendas que comprende una concentración de  varias viviendas mínimas repartidas en el aleatorio paisaje de los diez prismas blancos. Algunas de esas viviendas son de una sola planta, algunas de dos pisos, otras tienen tres plantas, y algunas tienen un sótano. Algún día todas estas piezas, todas estas estancias o si se prefiere todos estos locales serán usados únicamente por la familia Moriyama, pero en la actualidad muchas de esas unidades se encuentran alquiladas a diversos usuarios. Por lo tanto la propia casa es una pequeña comunidad, un pequeño barrio dentro del barrio en el que se ubica. Cada una de estas mini casas se expande en el jardín exterior, un espacio común pero minuciosamente pautado para que cada porción del terreno sirva a un único habitante concreto. Toda la parcela se convierte así en un jardín comunitario, en un espacio exterior que en cierto modo es esencial para el funcionamiento de esa pequeña colectividad que conforma la casa Moriyama.

Pero sin lugar a dudas lo que más llama la atención de este espacio es su total continuidad con la calle, ni setos, ni vallas separan el lote de la parcela de las calles colindantes. Lo individual, la vida privada de los residentes no se mezcla únicamente con los otros residentes de la Moriyama, sino sin interrupción con la ciudad entera.

Si el espacio interior es el espacio de la vida privada, y la calle representa el espacio de lo público, en esta casa los límites entre estos mundos se muestran borrosos, difusos. De alguna manera ese mundo borroso se traslada incluso al modo de nombrar las cosas. La casa Moriyama es una casa, una vivienda unifamiliar, pero funciona como una agrupación de viviendas unifamiliares, por lo tanto podría constituir por sí sola un pequeño barrio. Un barrio en el que el pequeño jardín, no sería un huerto privado, sino más bien un espacio público, es decir una calle o una plaza de la colectividad.

Es mediante este proceso de multiplicación de escala en el que una unidad contiene al mismo tiempo la superior, por el que se desdibujan los límites entre la casa, el barrio y la propia ciudad. Una idea que remite directamente a la hipótesis enunciada hace años por Aldo Van Eyck:

“Árbol es hoja y hoja es árbol. Casa es ciudad y ciudad es casa. Una ciudad no es una ciudad a no ser que sea también una enorme casa, una casa es una casa sólo si es también una ciudad diminuta.”

NOMU _ iñigo garcía odiaga _ publicado originalmente VEREDES 27.05.2013

Anuncios

interiores externos [I]

Este texto es la primera parte de una comparación entre dos casas que a los ojos de la mentalidad occidental tienen  al mismo tiempo algo de incomprensible y algo de enigma atrayente. Dos casas construidas con una diferencia de treinta años que resuelven una tipología similar, que podríamos denominar de “unifamiliar urbana”, ambas en ciudades de Japón y por tanto deudoras del contexto urbano y cultural de aquel país.

En 1976 Tadao Ando finalizó la construcción de la Azuma House en el denso barrio de Sumiyoshi de su ciudad natal Osaka. Un opaco prisma de hormigón ocupa la totalidad del solar. Dentro de la rigurosa retícula de cicatrices dejadas en el hormigón por berenjenos, pasadores y tableros de encofrado, se recorta centrada una estrecha puerta, únicamente dibujada por la sombra que se genera en el interior. En sentido estricto no existe la puerta, únicamente un umbral que parece conectar la calle con otro mundo.

Construida entre medianeras, ésta austera fachada es la única relación de la casa con la calle y por extensión con la ciudad. El interior se divide en tres partes iguales: dos volúmenes cerrados de dos plantas y un patio sobre el que se vuelcan los anteriores. En la planta baja se ubican una sala y una cocina, separadas por el patio, mientras que en la planta superior se sitúan los dormitorios que tiene la casa. El espacio central es la única fuente de luz natural de todas las estancias de la vivienda.

Toda la casa se organiza en relación a este patio descubierto ineludible. Patio insalvable en la vida cotidiana, ya que en este espacio central se encuentra la escalera y la pasarela que permite acceder y cruzar de una estancia a otra en el piso superior. El patio resuelve los elementos de distribución verticales y horizontales de la casa, lugares que en nuestros esquemas mentales son espacios irrenunciablemente interiores. En cambio en la Azuma House estos espacios que hay que cruzarlos bajo la lluvia o sintiendo el frío de la noche mientras se transita de la cocina al dormitorio, del salón al aseo, o de la habitación de los niños al espacio de los padres. A diferencia de los patios o claustros occidentales en el que los tránsitos se realizan a cubierto, este espacio impone su tiranía al obligar a los habitantes de la casa a moverse en la intemperie.

Desde una visión funcionalistas europea resulta incomprensible esta distribución. Si la casa es un ámbito de protección, un lugar en el que el hombre se cobija de las agresiones de la naturaleza, la Azuma House reinterpreta éste pensamiento y cobija al hombre protegiéndolo de la selva de la ciudad, obligándolo a convivir con los ciclos naturales.

El patio de la casa es un espacio exterior, un espacio en el que la lluvia, el sol, el frío, el día o la noche se hacen presentes según los dictados de la naturaleza, pero por contra es un espacio interior, un dominio privado cortocircuitado por completo del contexto urbano. Es este espacio por lo tanto, un espacio ambiguo, un interior dominado por las condiciones del exterior.

Para resumir esta casa habría que explicar este edificio mediante las condiciones de este patio y relatando la relación de la casa con la ciudad. El centro de la casa, su núcleo interior, es un vacío exterior, en el que los habitantes de la casa se relacionan directamente con la naturaleza y con el cielo, pero no con el exterior que supone la ciudad de Osaka.

Pero tal vez, aunque de forma involuntaria, la mejor definición de la Azuma House la elaboró Peter Zumthor cuando en su texto Atmósferas se remitía a la idea de tensión entre interior y exterior y afirmaba:

“Encuentro increíble que con la arquitectura arranquemos un trozo del globo terráqueo y construyamos con él una pequeña caja. De repente, nos encontramos con un dentro y un afuera. Estar dentro, estar fuera.”

NOMU _ iñigo garcía odiaga _ publicado originalmente VEREDES 25.03.2013